La historia de la abadía de Farfa

Historia de la abadía de Farfa
La historia de la abadía de Farfa

 La fundación de la Abadía se atribuye a San Lorenzo Siro, llegado a Italia desde la lejana Syria.

La identificación casi segura de San Lorenzo con el obispo de Forum Novum (Vescovio) en 554 haría cierta la creación, en el siglo VI, de un importante centro religioso y de riquezas.

La primera abadía tuvo breve vida: fue destruida por los Longobardos. Entre 680 y 705 la Abadía de Farfa fue reconstruida por Tommaso de Moriana. 

Farfa - Abate SicardoA su muerte, fueron abades primero Auneperto de Tolosa y más tarde Lucerio de Moriana, ambos de origen francés (Wikipedia).  Lucerio de Moriana, monje benedectino, entró muy joven en la orden. Amigo y conciudadano de San Tomás de Farfa (conocido también como Tomás de Moriana) fue con él hasta Jerusalén, donde se quedaron siete años.

Sucesivamente a una visión, Tomás  decidió fundar la Abadía de Farfa en el territorio de Fara Sabina, en la provincia de Rieti. Lucerio siguió su amigo y maestro.

A la muerte de Auneperto de Tolosa, que había sucedido a Tomás de Farfa, Lucerio se volvió primer abad del monasterio. En 753 fundó la Abadía de San Salvatore, no muy lejos de Farfa.

En 739, sucesivamente a la improvisa bajada del rey longobardo Liutprando, Lucerio homenajeó prontamente al rey que se encontraba en Spoleto: logró obtener la ratificación de los privilegios otorgados a la abadía por los precedentes ducas de Spoleto. Lucerio fue martirizado en 740. En los Anales Benedectinos su muerte se fecha el 24 de junio de 739.

En 800 la Abadía de Farfa se definió imperial por sus relaciones privilegiadas y de protección con los Francos de Carlos Magno. En consecuencia quedó suspendido cualquier vínculo del abad de Farfa respecto al Papa de Roma. 

El poder del abad de Farfa, comparable con el que tendrán los príncipes-obispos alemanes, era inmenso: controlaba seis ciudades fortificadas, más de 130 castillos, 300 pueblos, 600 iglesias y conventos.

En Farfa estacionó Carlos Magno antes de su incoronación en Roma el 25 de diciembre de 800. Durante su reinado la Abadía vivió su máximo desarrollo.

En 891, en la época del abad Pedro I, la Abadía sufrió el ataque de los Sarracenos, que lo sitiaron durante siete años.

Manoscritto farfenseFarfa cayó e los monjes supérstites huyeron dividiéndose en tres grupos: el primero, bajo el Abad Pedro I, encontró amparo en el monasterio de San Ipólito y San Juan en Silva, en Santa Vittoria in Matenano, en la actual provincia de Fermo (Marche). El segundo grupo huyó hacia Rieti, donde fue exterminado. El tercer grupo se refugió en Roma. 

Después de varios años, cuando los Sarracenos ya habían abandonado Farfa, el tercer grupo de monjes volvió a la Abadía, encotrándola en ruinas.
Pero Ratfredo (898-936), nuevo abad, dió inicio a su reconstrucción.
En 913 la Iglesia volvió a consagrarse y Farfa resurgió por segunda vez.

El epílogo.

Bajo el abad Ugo I se introdujo en Farfa la reforma cluniacense. 

Terminada la influencia de los Emperadores franceses, Farfa pasó bajo el control de los emperadores alemanes, y siguió siendo la espina clavada del Papa de Roma.

Farfa - Enrico IV

Durante la época de las luchas de las investiduras Farfa se alineó con el emperador Enrique IV, contra el Papa Gregorio VII. 

A caballo entre los siglos XI y XII las pertenencias de la Abadía llegaron a su máxima expansión. De hecho, una bula imperial de Enrique V de 1118 indicaba como posesiones de Farfa: en Roma, Palazzo Madama y la iglesia de San Eustaquio; en el Lazio, Viterbo, Orte, Tarquinia y Tivoli, el puerto y la mitad de la ciudad de Civitavecchia; en Umbria, Perugia, Terni, Assisi, Narni, Spoleto, Todi; en Toscana, Pisa y Siena; en Le Marche, Ascoli, Camerino, Fermo, Senigallia, Osimo; en Abruzzo, Chieti, parte del territorio de L’Aquila y el Molise entero. Casi todo centro-Italia estaba bajo el poder de  Farfa, que efectivamente cercaba el Vaticano.

El 23 de setiembre de 1122 gracias al Concordato de Worms, estipulado entre el emperador Enrique V y el Papa Calisto II, se puso término a la autonomía de la Abadía de Farfa.

El acabar de la autonomía marcó el inicio de un periodo de decadencia que llegó hasta el siglo VX, cuando Bonifacio IX convirtió la Abadía de Farfa en encomienda. Lo que, sin embargo, no empobreció la Abadía que, más bien, vivió una sustancial transformación bajo la familia Orsini.  La estructura originaria, cuya entrada estaba ahí donde ahora se encuentra la oficina de informaciones, fue girada en sentido horario y decorada con numerosos frescos renacentistas, entre los que destaca un hermoso Juicio Universal. La historia narra que la “nueva” iglesia fue consagrada en 1496.

 

Transcurrieron entonces unos 300 años de tranquilidad, hasta la llegada de Napoleón en Italia en 1798, que se hizo protagonista de varios saqueos a los que la Abadía no quedó ajena. En 1841 la Encomienda fue suprimida. 

En 1861, durante el proceso de Unificación de Italia, el monasterio y sus posesiones fueron confiscados por el Reino de Italia y la pequeña congregación monástica, vigente hasta ese momento, se desperdigó por otros monasterios.

En 1919 los Benedectinos de la Congregación Cassinese (de la ciudad de Cassino) reconstituyeron la comunidad monástica, trasladando allí algunos monjes de la Abadía de San Pablo “fuori le mura” de Roma, aun hoy bajo la gestión de la Abadía de Farfa.

 

Farfa (incisione)

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